Páginas vistas en total

martes, 20 de junio de 2017

Defensa de Tesis Doctoral: La Generación del 14 y la génesis de la teoría generacional en Ortega y Gasset: un estudio de sociología del conocimiento



A través del enlace que se encuentra al final de este texto se puede acceder a la defensa de la tesis doctoral de Jorge Costa Delgado, leída el pasado viernes 16 de junio en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Cádiz.

La tesis, titulada "La Generación del 14 y la génesis de la teoría generacional: un estudio de sociología del conocimiento", se inició con una beca asociada al anterior proyecto I+D de este grupo: “Vigilancia de fronteras, colaboración crítica y reconversión: un estudio comparado de la relación de la filosofía con las ciencias sociales en España y Francia (1940-1990)”.


martes, 13 de junio de 2017

Foucault, Bourdieu et la sociologie de la philosophie. À propos de Leçons sur la volonté de savoir

Un texto que recoge la intervención en el coloquio Bourdieu/Foucault: un rendez-vous mancato? y que se encuentra disponible en Academia

jueves, 25 de mayo de 2017

Sobre la Antígona de Slavoj Zizek


Sófocles contiene una filosofía profunda de la democracia, no cabe duda. En hexis se ha comentado el clásico de Bernard Knox y, entre los autores que uno frecuenta, Foucault y Castoriadis han promovido lecturas sugerentes sobre las enseñanzas democráticas del genio de Colono. La de Castoriadis resulta de especial interés, pues consigue invertir la espontánea apuesta “libertaria” por Antígona y a mostrarnos la razón que asiste a Creonte. Si la tragedia funciona como filosofía de la democracia es porque renuncia a un Eje del Mal y nos ahce comprender cómo el orgullo nos conduce a aquello que odiamos ser: es la lección de Edipo, prototipo de caudillo sinceramente democrático. Cualquier lector que se entretenga en Sófocles comprueba cómo los personajes se contradicen y ocupan posiciones muy distintas en una y otra réplica. Lo que los lleva a la tragedia es la rigidez, la falta de comprensión de que la verdad se les escapa, de que no pueden tener razón solos. De hecho, el mítico Teseo, rey de la Atenas democrática, destaca por aceptar azorado las razones de Edipo, cuando este, ya ciego y abandonado, discute con él en Edipo en Colono. La idea esta clara: Teseo, fuerte y valiente, no necesita exhibir su poder obscenamente y puede recular: así es una democracia, esos son los dirigentes que se necesitan. 

Zizek ha reescrito Antígona (Akal, 2017, colección Cuestiones de Antagonismo) y lo hace acercándose al punto de vista de Castoriadis, al que sin embargo no parece haber leído (pues lo citaría). Tanto Creonte como Antígona viven en el formalismo de una convicción que se impone sobre todo. Creonte es un representante del pueblo, algo que en la obra de Sófocles (pero no en la versión de Zizek), afirma ser con orgullo: un igual entre iguales, que gobierna y sabrá ser gobernado. Pero su inquina contra Polinices, y sobre todo su incapacidad de escuchar a su pueblo (¡y a su hijo!), que comprenden y perdonan a Antígona, lo condenan. Su amor a la ley revela una obcecación malsana, incapaz de acoger el parecer ajeno. Obviamente, tras semejante intransigencia asoma una grosera debilidad, toda aquella de la que carece el modesto y titubeante Teseo. 

Antígona, por el contrario, pretende ser la voz de la exclusión. Es una mujer extraordinaria. Edipo —durante su final aventura en Colono— habla de sus hijas, Ismene y Antígona, como de mujeres que superan a sus hermanos. Ambas demuestran que son mejores ciudadanos que los hombres y Creonte insiste ante su hijo en el pánico que le causa ceder ante una mujer. Antígona, sin embargo, no es una heroína indiscutible: en momentos de la obra se ampara en leyes divinas sobre las que Creonte se muestra perplejo: ¿no hablará en Antígona el fanatismo de una iluminada que asigna a los dioses sus presunciones? Como su cuñado Edipo, Creonte tiene rasgos de la democracia y estos se ven en un espíritu ilustrado. Edipo lo muestra ante Tiresias, Creonte ante éste y su sobrina rebelde. 


Hasta aquí, más o menos, las interpretaciones de Castoriadis y Zizek podrían coincidir. Pero el filósofo franco-griego se quedaría aquí: la tragedia enseña que nada hunde más a la democracia que el exceso, la arrogancia del poder. Ser autónomo supone conciencia de que solo nos tenemos a nosotros mismos y a nuestros ciudadanos y que la vida política es un bien muy frágil que carece de garantías. Zizek, sin embargo, da un paso más y presenta al coro estableciendo un régimen nuevo, una democracia popular donde los ciudadanos no se encuentren zarandeados por los delirios de las familias notables. En su lectura de Antígona, Zizek nos ofrece varias versiones del famoso stasimon y, en cada una de ellas, el mensaje trágico se va cargando de sentido procedente del psicoanálisis y de un marxismo libertario. En un momento, Creonte parece un Lenin arrepentido de haber roto muchos huevos sin lograr tortilla alguna… ¡pero Antígona también! De hecho, el nuevo poder popular tebano la acusa de “sustituísmo”, de pretender abrir el paso a los excluidos sin escucharlos. Más abrasadora resulta la acusación a Antígona de ser una “poseur”, que goza secretamente haciendo de heroína y que en el fondo está deseando pasar a la posteridad. Toda su reivindicación de los principios es ansia de fama; de una fama que necesita la muerte propia pero que arramblará con la ciudad entera si hace falta. Ese poder popular pronto creará nuevos Creontes y Antígonas y ninguna democracia asamblearia podrá impedirlo. Solo el control mutuo puede intentarlo: el poder nos hace perder los estribos si no nos protegemos o nos protegen de ello. El lector sabrá identificar a muchas Antígonas y Creontes e incluso, con un mínimo de lucidez, se verá a sí mismo aplaudiendo a una u otra figura en un momento de su trayectoria. Incluso encarnándola. Con su lectura, Zizek no obstaculiza tal experiencia, sino que sabe acentuarla con su indiscutible inteligencia. 

sábado, 20 de mayo de 2017

Liliane López-Rabatel presenta la reproducción de un kleroterion



Liliane López-Rabatel, participante en nuestro proyecto de investigación, nos hace llegar su importantísima presentación de una réplica en piedra del Kleroterion, la fascinante máquina para el sorteo que se utilizaba en Atenas. Un ejemplo de que, como nos explica López-Rabatel, la democracia radical no produjo arquitectura distintiva... mas sí un mobiliario. 
Se producirá en el Salon Innovatives de Marsella, los días 17 y 18 de junio. Para más información cabe dirigirse al sitio del Institut de Recherche sur l'Architecture Antique o en este video del CNRS donde interviene nuestra compañera. 

lunes, 1 de mayo de 2017

Manel García Sánchez reseña la edición de "El Viejo Oligarca"


Aparece en Índice Histórico Español una reseña de la edición que José Luis Bellón Aguilera preparó sobre El sistema político de los atenienses La reseña la firma Manel García Sánchez y puede accederse a ella pinchando aquí

jueves, 30 de marzo de 2017

IV SEMINARIO DE LA RED ANDALUZA DE ÉTICA Y FILOSOFÍA POLÍTICA

Universidad de Jaén, 7 de abril de 2017 
Edificio A3, Salón de Grados

11:00-12:30. Comunicaciones 1. Lilian Bermejo-Luque (UGR) Título: The only rule that a super intelligent robot must obey 
2. David Rodríguez-Arias/ Alberto Molina (UGR) Título: ¿Cómo incrementar la donación de órganos en Europa de un modo éticamente aceptable? 
3. Olga Campos Serena (UGR) Título: Animales no humanos y Enhancement: ¿Tendríamos que mejorar las capacidades de todos los miembros de la comunidad moral? 
12:30-13:00. Pausa Café 13:00-14:00. Debate: Estado del área de Filosofía Moral en Andalucía 14:00-16:30. Pausa Comida 
16:30-18:00. Comunicaciones 
4. Hugo Viciana (IESA Córdoba) Título: ¿Qué puede aprender la filosofía moral de la investigación sobre encuestas? 
5. Pedro Francés Gómez / Paula Andrea Valencia (UGR) Título: Legitimidad de la jurisdicción especial para la paz 
6. José Luis Moreno Pestaña (UCA) Título: Jacques Rancière y la actualidad de la democracia ateniense 
18:00-18:30. Pausa Café 
18:30-20:00. Asamblea: Propuestas y proyectos de coordinación de la RAEFP

sábado, 18 de marzo de 2017

Retorno a un mito demófobo



Entre el 403 y el 399, la democracia ateniense vivió entre dos exigencias. La primera, el recuerdo de la tiranía de los Treinta. La segunda, la imposibilidad de acusar a nadie de las tropelías durante el régimen de terror. Trasíbulo y Anito, jefes de los demócratas, decretaron una ley de amnistía. La ciudad necesitaba olvidar. 
Sin embargo, no se olvidaba aunque no se pudiera llevar a nadie a juicio, so pena de graves consecuencias legales, por sevicias cometidas durante el gobierno de los Treinta. La democracia del siglo IV perseguía duramente las acusaciones espurias, también las dirigidas contra los enemigos de la democracia. Pese al mito del "siglo de Pericles", fue ese el gran momento garantista de la democracia ateniense. 
Los oligarcas derrotados, ya sin apoyo espartano, fueron exiliados a Eleusis. Mas nadie se quedó tranquilo: el pretexto de su rearme llevó a liquidarlos en el 401. Es una época donde en los tribunales se recuerda a menudo cómo se comportó el acusado durante el régimen sectario, aunque se le acuse de otra cuestión. Particularmente significativos eran los procesos de impiedad, ya que la religión y política se encontraban íntimamente conectadas en la memoria del pueblo; especialmente en aquellos años, cuando podía situarse a los Treinta dentro de una secuencia muy específica. ¿Cuál? En el 415, antes de la catastrófica expedición a Sicilia, se habían decapitado los Hermes en Atenas. Esa expedición fue espoleada por Alcibiades. Las últimas páginas de Tucídides describen al conservador Nicias cayendo como un patriota, aunque él se había opuesto a la campaña. Mientras tanto, el favorito de la elite ateniense se pasaba al enemigo. La burla de la religión —una religión cívica, con sus magistrados elegidos por sorteo— era algo común entre los enemigos de la democracia. La falta de piedad con aquella tendía a ir unida a una movilización feroz contra esta. En el año 399 se conocen al menos dos procesos por impiedad, uno de los cuales (incoado contra Andócides) hacía claramente referencia a los acontecimientos de 415.
En el otro gran proceso por impiedad, el jurado quizá se enfrentaba a una acusación formulada bajo una categoría técnica del derecho (introducción de nuevos dioses en la ciudad). Pero tal vez se juzgase otra cosa. Los jueces en Atenas disponían de una gran capacidad de interpretación en un derecho menos codificado y dogmático. Además, por impiedad podía caracterizarse un tipo de prácticas sociales enemigas tanto de la religión como de la vida social. Acoger a un parricida podría provocar un delito de impiedad. Frecuentar a enemigos de la religión y la democracia también. Algo muy delicado si entre tus amigos se encontraban los protagonistas de la traición del 415, el golpe del 411 y el terrible régimen del año 403, un régimen que incluso asustó al muy conservador sobrino-nieto materno de su jefe más conocido. 
Porque en tales círculos se trababan relaciones muy intensas. Los sofistas enseñaban gracias al dinero. De ese modo, objetivaban los servicios prestados y permitían la independencia psicológica, que tanto bien hace a la igualdad entre los individuos (Simmel tiene páginas fundamentales sobre el particular). Idéntico proceso de objetivación del don ocurría a nivel de la administración de la ciudad. El sistema de liturgias, suerte de impuesto jurídicamente garantizado, permitía a los potentados brillar por sus generosidad con la polis; siempre, y eso era fundamental, bajo canalización y coacción del poder público. 
Los afectos que se profesaban los enemigos de la democracia nunca fueron tan vulgares ni se dejaban aprehender en marcos utilitarios. Su referente se instalaba en la más absorbente de las lógicas, la del don: y un don nunca se devuelve del todo. ¿Cómo quedarse en paz con un maestro que te da todo tu saber? Casi resulta más difícil, sin duda es más difícil, que hacerlo con un patrón magnánimo en dineros y regalos. Ridiculizar el dinero es la marca de todos los sectarios. El dinero permite objetivar los servicios y quedarse en paz; la ausencia de contraprestación por un servicio solo puede saldarse con una entrega absoluta y permanente. (Solo un inciso: esto no agota el interés de la razón erótica socrática, asunto del que me he ocupado aquí.)
Bien: en el 399, Sócrates fue acusado de impiedad y de corromper a los jóvenes; todo ello en un marco en que muchos de sus jóvenes amigos, sobre los que gozaba de enorme ascendencia, habían sido responsables de crímenes continuados y particularmente traumatizantes. La persona acusada seguía, nos lo cuenta su discípulo Jenofonte, expandiendo sofisterías (su querida comparación ridiculizadora entre sortear un cargo público con sortear un técnico es eso: la peor sofistería) acerca de la maldad de la democracia y confundiendo acerca de sus procedimientos. Mogens Hansen, que también estudió el proceso, concluyó que el tribunal de Atenas votó honorablemente, dado además el comportamiento provocador del acusado. Paulin Ismard reconstruye la historia con detalle y claridad, iluminando especialmente sobre la vertiente religiosa de la acusación, sobre el encuadre jurídico del proceso y sobre los rasgos políticamente inquietantes de la pedagogía socrática. 
Libros como L'Événement Socrate (París, Flammarion, 2013) deberían modificar radicalmente la manera de enseñar la historia de la filosofía. Y ayudarnos a pensar cómo lleva mucho tiempo fundada en un mito demófobo: el asesinato del librepensador inocente por la chusma totalitaria. La construcción a lo largo de los siglos de dicho mito es otro de los grandes servicios que presta Paulin Ismard a nuestra conciencia histórica y a nuestra claridad intelectual. 

sábado, 4 de marzo de 2017

El sorteo, a favor de mejores elecciones

Se ha publicado en castellano Contra las elecciones de David Van Reybrouck, un libro valioso por su claridad, su reconstrucción histórica y su estado de la cuestión acerca del uso del sorteo. Los interesados tienen un acercamiento diferente en la guía que publicamos en abierto dentro de la colección Efialtes. El segundo libro de esta colección acaba de aparecer y contiene una edición de un panfleto antidemocrático de autor desconocido y que servirá al lector interesado para comprender la permanencia de la actitud antidemocrática. Próximamente se prepara un volumen de trabajos sobre democracia y sorteo de Yves Sintomer. Poco a poco se encuentra disponible en castellano una importante literatura sobre los fundamentos de este instrumento de la democracia antigua que tanto puede hacer por la actual. 

No tengo mucho que añadir a la reseña que realicé hace unos años de la edición francesa del libro de Van Reybrouck. Quisiera insistir en un aspecto del libro que puede prestarse a confusión y que nunca estorba insistir en él. Veamos

Van Reybrouck contrapone con razón las asambleas deliberativas sorteadas con aquellas formadas por voluntarios. Las primeras pueden recoger mayor diversidad real y sobre todo librarse de esos profesionales de la militancia que tienden, por su presencia y su entrenamiento, a condicionar la participación política de manera permanente. De ese modo, el campo político erige pantallas de protección contra el entrometimiento en los asuntos públicos de los ciudadanos no especialistas. Van Reybrouck explica bien las virtudes de las asambleas deliberativas y cómo suelen producir discusiones de enorme calidad que contrastan con lo que acostumbra a pasar en asambleas tan “espontáneas” como cualquier mercado desrregulado. Lo que sucede en los mercados no regulados es que siempre, salvo milagro, se imponen los grandes capitalistas: imponen su visión de las necesidades y su manera de satisfacerlas y eso lo sabe cualquier defensor democrático del mercado como mecanismo de registro de preferencias. Aunque debamos tener cuidado con la analogía, también existen capitalistas políticos capaces de movilizar redes de connivencia y retórica que siempre producen resultados idénticos: o se imponen o convierten los organismos políticos en un desierto donde solo sobreviven los conectados con sus redes ideológicas y/o clientelares. 
¿Y dónde quiero hacer una puntualización? Las asambleas deliberativas no carecen de problemas, los cuales recoge bien Van Reybrouck en su último capítulo, aunque esos problemas pueden solucionarse y siempre permitirán prácticas políticas más atractivas que las que ofrecen las asambleas de autodesignados. Me preocupa, sin embargo, otro punto. Efectivamente, no es igual un proceso electoral enriquecido con debates de asambleas deliberativas, que uno basado exclusivamente en la propaganda militar de facciones cuyas diferencias políticas reales, en bastantes ocasiones, cuesta distinguir. Van Reybrouck en El Mundo, señala que una pequeña muestra representativa de la sociedad puede producir resultados de mayor calidad que el voto sin deliberación de ciudadanos sorteadas. El autor puntualiza bien: puede. No siempre. ¿Por qué? En primer lugar, la representatividad estadística (en el fondo, un artefacto matemático) jamás puede sustituir el consentimiento de los ciudadanos. Ciertamente, estos no siempre votan informados en los procesos electorales, mas no cabe quitarles la potestad de tener la palabra en último término. Caeríamos, de lo contrario, en una suerte de aristocracia epistemológica deliberativa. Y la deliberación, a no ser que la idealicemos indebidamente, jamás es una comunidad transparente de voluntades racionales. En segundo lugar, el problema de la democracia no son solo las elites, sino también los ciudadanos. La gente puede votar de manera absurda y no informada en un referéndum o unas elecciones. También puede negarse sistemáticamente a participar en dispositivos sorteados (véase  por ejemplo este post) o participar en ellos de manera irresponsable —aunque, insisto, esto puede ser parcialmente controlado con una buena planificación de los mismos.
Van Reybrouck señala en su libro que el sorteo tiene dos grandes enemigos: unos medios de comunicación escandalosamente tendenciosos y los monopolizadores de los bienes políticos. Por el contrario, muchos ciudadanos tienden a abrazar la utilización del sorteo con simpatía. Mas, quienes lo defendemos, tenemos que pasar los filtros que constituyen los primeros. Debemos afinar muchísimo con nuestros argumentos. Defendemos la democracia: también la democracia representativa y creemos que el sorteo puede hacer mucho por hacerla más democrática y más representativa. No estamos contra las elecciones, sino por mejorarlas y puede que a menudo designando por sorteo a quienes debaten antes de que la ciudadanía tenga, como debe ser, la última palabra. El sorteo permitirá mejores elecciones ciudadanas, más informadas y complejas, tanto de representantes políticos como de alternativas que no siempre formulan bien los representantes políticos. No está contra las elecciones, está a favor de sean mejores elecciones. 

miércoles, 22 de febrero de 2017

El sistema político de los atenienses

El número dos de la colección Efialtes se encuentra ya disponible en Editorial Doble J

Anónimo o «Viejo Oligarca»
Edición, estudio y traducción de José Luis Bellón Aguilera/Prólogo de José Luis Moreno Pestaña
124 pp., 14 €
Efialtes nº 2. ISBN: 978-84-96875-85-2
La democracia ateniense (c. 508-322 a. n. e.) se parece a las modernas democracias representativas liberales apenas en el nombre, porque en Atenas no había partidos políticos, ni elecciones cada cuatro años. La ateniense fue un sistema de democracia directa, asamblearia, en la que se usaba la selección por sorteo de miembros de tribunales y cargos públicos, salvo los puestos especializados. El presente trabajo es básicamente un amplio estudio y traducción de un breve texto sobre la democracia directa ateniense, escrito en el momento de su apogeo alrededor del 415. La obrita, conservada casi por casualidad, tiene un doble interés: primero, como relato lleno de malentendidos y de pistas falsas de un enemigo tan indignado como inadvertidamente asombrado por la democracia directa. Segundo, y más importante, por constituir una pieza única, documental en cierto sentido por su viveza y por el materialismo de sus análisis, de la formación social ateniense en un momento sincrónico de su historia. ¿Por qué después de más de 2.500 años sigue la Atenas del poder del demos interpelando a todos aquellos que se inquietan por la realidad política y económica que les ha tocado vivir? Las páginas que forman este trabajo solo pretenden llenar una parte de la respuesta.
José Luis Bellón Aguilera es licenciado en clásicas e hispánicas por la Universidad de Granada y doctor por la Universidad de Birmingham. Actualmente es profesor titular de literatura española y teoría de la literatura en el Departamento de Románicas de la Universidad Masaryk de Brno. Sus campos de investigación incluyen la teoría, crítica y sociología de la literatura. Es miembro del Proyecto de I+D: «La recepción de la filosofía grecorromana en la filosofía y las ciencias humanas en Francia y España desde 1980 hasta la actualidad» (2015-2017). Es autor de las monografías “La mirada pijoapartesca (Lecturas de Marsé)”, Ostrava, 2009 y “Miguel Espinosa, el autor emboscado”, Granada, 2012, así como de un número considerable de artículos en revistas especializadas y de otras publicaciones.
Sobre El sistema político de los ateniensesestudio y traducción de José Luis Bellón Aguilera
Laura Sancho Rocher, Catedrática de Historia Antigua, Universidad de Zaragoza
Las últimas décadas del s. V a.C. en Atenas son el escenario de lo que muchos describirían hoy como una “aceleración de la Historia”. En el marco de una especie guerra mundial entre las dos grandes potencias del momento (Atenas y sus aliados frente a la Liga del Peloponeso capitaneada por Esparta) y, a la vez, entre dos sistemas políticos antitéticos (la democracia y la oligarquía), en la ciudad que se veía a sí misma como ‘maestra de Grecia’ eclosionaba la vida intelectual y cultural que era el fruto de un orden político de soberanía de todos los ciudadanos, vigente ya casi un siglo.
Seguramente con anterioridad al año 424 a.C. un autor anónimo, polemista contrario a la democracia, escribió un breve texto muy crítico con la politeía de los atenienses. José Luis Bellón ha realizado una doble traducción de la obra, acompañada de una amplia introducción a los problemas de interpretación que sigue planteando su lectura. ¿Por qué dos traducciones? Porque una de ellas tiene la voluntad de hacer llegar a los lectores que no dominan los rudimentos del griego clásico la complejidad de las valoraciones políticas y sociológicas del redactor del opúsculo. Los términos que designan a los grupos sociales y los valoran no tienen un valor unívoco ni inmutable. Quien se sirva de esta lectura ‘interactiva’ (en palabras de autor) será consciente de que una traducción desde el griego ático del s. V no consiste solo en la labor de poner en una lengua contemporánea las palabras escritas hace dos mil quinientos años, sino, mucho más, estriba en adentrarse en el mundo moral y conceptual de quienes eran los receptores contemporáneos del texto.
Pero volvamos a las primeras páginas de este estudio, puesto que el panfleto político de desconocido autor plantea un número elevado de cuestiones filológicas y de problemas historiográficos, cuya resolución ayudaría mucho a la evaluación del momento histórico. El análisis con el que Bellón Aguilera introduce sus traducciones constituye un complemento imprescindible de la lectura del tratadito. Preguntas como quién es el autor y por qué se transmitió este opúsculo entre las obras de Jenofonte; en qué fecha hemos de ubicarlo; cuál es el formato —diálogo o discurso— adoptado por el redactor; qué es lo que más disgusta de la democracia al autor; y qué vínculos hay entre democracia y arché encuentran en la introducción, si no soluciones, al menos exposiciones o desarrollos inteligentes y sugerentes. Mencionaré, un par de apuntes significativos ¿Podría ser que el pensamiento de esta obra respondiera a la posición de un personaje tan escurridizo como Alcibíades? Pensemos en un ateniense que, hallándose fuera, habla de su ciudad (“allí”) ante un auditorio (¿un solo individuo? ¿los miembros de una hetería?) de hombres que participan de ideas afines y que no entienden qué ventajas puede tener la democracia, incluso para el demos. Segundo: quien habla domina un vocabulario tradicional al que aplica, en numerosas ocasiones, un doble valor sociológico y moral. Mediante el manejo de términos sociales y políticos siempre antitéticos el redactor exhibe un maniqueísmo extraordinario que pretende falsificar la realidad heterogénea y versátil de la Atenas democrática de fines de la quinta centuria y, a la vez que reconoce tanto que muchos que no son miembros del demos apoyan la democracia como que ésta tiene pocos enemigos, sostiene que ninguno de los nobles o buenos apoya el régimen democrático.
El estudio se completa con un léxico técnico y una cronología histórica y cultural que apoyan la lectura contextualizada del panfleto antidemocrático de autor ignoto.

miércoles, 8 de febrero de 2017

Sorteo y populismo: la experiencia de Podemos


Versión previa de un artículo cuya versión final será publicada en Arizona Journal of Hispanic Cultural Studies. Agradezco a sus editores el permiso para colgar el artículo en Academia. Para los interesados, se abre un debate en este vínculo.

domingo, 8 de enero de 2017

Democracia presente basada en la democracia antigua: Editorial Doble J publica una guía sobre el sorteo en política


El viernes 13 de enero a las 21 horas, en Librería La Fuga de Sevilla (Calle Conde de Torrejón 4), se presenta la obra de Oliver Dowlen y Jorge Costa El sorteo en política. Cómo pensarlo y cómo ponerlo en práctica. Intervendrán Juan José Gómez, Jorge Costa y José Luis Moreno Pestaña

El sorteo en política. Cómo pensarlo y cómo ponerlo en práctica es una publicación del Colectivo Efialtes, junto con el Proyecto de I+D La Recepción de la Filosofía Grecorromana en la Filosofía y las Ciencias Humanas en Francia y España desde 1980 a la Actualidad, desarrollado en la Universidad de Cádiz.
El sorteo fue la práctica común de elección de responsabilidades políticas en la Atenas democrática (s. V-IV a.c). Con la constitución de Clístenes (508 a.c.), se designaban de este modo la mayoría de los arcontes (magistrados) de entre los miembros de la asamblea de ciudadanos o Ekklesía, el máximo órgano político y judicial, que también se dotaba de una institución estable, la Boulé, compuesta igualmente de miembros sorteados. El sistema partía de la asunción de que todo ciudadano está capacitado para la política. Además pretendía atajar los excesos demagógicos de la democracia convencional y la consolidación de grupos de poder en torno a poderosos que monopolizaban los cargos electos.Así, el sorteo se concibió en Atenas como un mecanismo para promover la participación pública, impedir la transformación de la democracia en aristocracia y garantizar la legitimidad de las instituciones, cuestiones que aún hoy conservan toda su relevancia. Su uso no pereció con la democracia ateniense: pervivió con distintos significados a lo largo de la historia hasta hoy, donde se emplea en jurados populares y múltiples experiencias de participación ciudadana. En un momento como el actual, de crisis y radical replanteamiento del significado de la democracia, el Colectivo Efialtes, junto con el Proyecto “La Recepción de la Filosofía Grecorromana” buscan revivir el debate sobre el uso político del sorteo conciliando dos inquietudes: comprender cómo la filosofía política clásica modifica las formas de discusión en nuestro presente y proponer una herramienta práctica derivada del mundo antiguo.
El sorteo en política. Cómo pensarlo y cómo ponerlo en práctica agrupa dos documentos. El primero, que proporciona una historia y legitimación políticas del sorteo, se debe a Oliver Dowlen, autor del importante libro The Political Potential of Sortition. A Study of the Random Selection of Citizens for Public Office (2008). El segundo, a cargo del investigador Jorge Costa, recoge las conclusiones de un intento prolongado de introducir el sorteo en política, ahora, en España. Ambos aportan herramientas preciosas para quienes deseen promover el sorteo como método democrático, pensar sus potencialidades y prevenir sus límites. Más que presentar un trabajo concluido, Dowlen y Costa pretenden estimular el debate y la acción, confiando en que, a través del sorteo, los lectores descubran cómo el pasado puede saltar muchos siglos para introducir vigor democrático en nuestro presente.

Oliver Dowlen es miembro del Instituto de Estudios Políticos de París (Sciences Po).

Jorge Costa Delgado es investigador del Proyecto de I+D La Recepción de la Filosofía Grecorromana en la Filosofía y las Ciencias Humanas en Francia y en España.